Breve historia del dinero

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En este post vamos a resumir, y mucho, la historia del dinero. Es un artículo largo pero, si lo lees, sabrás mucho más sobre el dinero que la media.  ¿Eres capaz? ¡Vamos allá!

La Antigüedad

Antes de la existencia del dinero el intercambio de bienes y servicios se producía mediante el trueque. Un pescador que quisiera intercambiar su pescado por cereales, por ejemplo, debía buscar a un agricultor que quisiese intercambiar sus cereales por pescado y llegar a un acuerdo sobre cuánto cereal equivalía a un pescado y realizar la transacción. Esta modalidad de intercambio es muy poco eficiente ya que requiere que se cumplan dos requisitos: en primer lugar, que se encuentren dos personas que tengan una cosa y que la quieran intercambiar justo por lo que tiene la otra persona y, en segundo lugar, que esas personas se pongan de acuerdo sobre el valor respectivo de las cosas a intercambiar.

Siguiendo con el ejemplo del pescador y el agricultor, imaginemos que el pescador no quiere cambiar su pescado por cereales, sino que lo quiere cambiar por carne y decide dirigirse a un cazador. Pero el cazador no quiere pescado, sino que prefiere cereales. Si el intercambio se produjese a través del trueque, ahora sería necesario que se pusiesen de acuerdo tres personas: el agricultor que quiere pescado, el pescador que quiere carne y el cazador que quiere cereales.

Es por este motivo por el que surge la necesidad de que exista un determinado objeto que tenga valor para todas las partes y que sea generalmente aceptado, facilitando así el intercambio de bienes y servicios. Esta necesidad de desarrollar un objeto que sirva para realizar intercambios económicos se va a ver incentivada igualmente, a partir de un determinado momento, por la necesidad de pagar impuestos.

A lo largo de la historia se utilizarán distintos bienes para cumplir esta función: el cereal en el Antiguo Egipto, las semillas de cacao o plumas exóticas en la América precolombina, el arroz en China, conchas en distintos pueblos alrededor de Asia, Oceanía o África, el ganado en la Antigua Grecia o en la India, o la sal y la pimienta utilizada por los fenicios o los romanos. Un ejemplo curioso es el uso de grandes piedras, denominadas piedras rai, que utilizaban como dinero los nativos de la isla Yap, en la Micronesia. Su valor derivaba del hecho de que no existía roca caliza en dicha isla, por lo que los habitantes tenían que navegar hasta las islas de Palaos, a más de 400 kms de distancia, y traerlas de vuelta en canoas y balsas.

Historia del dinero

Si bien todos estos objetos fueron gradualmente desplazados por los metales, todavía podemos ver su influencia: así, el término pecunia proviene del latín pecus que significa ganado y proviene del hecho de que alguno de los primeros lingotes de bronce y cobre que utilizaban los romanos tenía grabadas imágenes de cerdos y ovejas. O la palabra salario que proviene igualmente del latín salarium y que significa el pago de la sal que se utilizaba para pagar a los legionarios.

No obstante, como ya hemos adelantado, entre todos los bienes utilizados para facilitar los intercambios comerciales, acabó imponiéndose el uso de los metales tales como el oro, la plata y el cobre, debido fundamentalmente a su durabilidad (no se deterioran como el cacao o los cereales) y su facilidad de transporte (a diferencia del ganado ¡o las piedras rai!). Además el metal tenía otras ventajas como su divisibilidad, la posibilidad de almacenarlo durante largos períodos y el propio valor intrínseco del metal que podía utilizarse para realizar joyería, armas, herramientas u ornamentos. Los primeros ejemplos del uso del metal como dinero de los que se tienen constancia tuvieron lugar en Mesopotomia alrededor del año 2.500 a.C. y poco después en Egipto. Así, distintos códigos legales, entre los que se encuentra el famoso Código de Hammurabi, establecían el pago de multas o intereses por deudas en lingotes de plata.

El nacimiento del dinero: la moneda

Un gran avance se produce con el surgimiento de la moneda que tiene lugar en torno al año 620 a.C. en Lidia, una ciudad helénica situada en la costa de la actual Turquía, en la que se empezaron a acuñar monedas con un peso y una composición uniforme, estando compuestas de electrum, una aleación natural de oro y plata. Posteriormente, las monedas proliferaron rápidamente y monarcas y ciudades estados comenzaron a acuñar moneda con su sello identificativo para certificar la autenticidad del valor metálico de la moneda.

Dinero

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Los billetes o papel moneda

Para el siguiente paso, la fabricación del papel moneda, se hacía necesario el desarrollo de nuevas técnicas como la fabricación de papel, la tinta y la imprenta. La escasez de metales que existía en el siglo IX d.C. en la China de la dinastía Tang, junto con el creciente crecimiento económico, llevó a los comerciantes chinos a utilizar órdenes de pago que eran firmadas en una ciudad y que permitían cobrar en otra ciudad en una fecha determinada. Al ser pagables al portador, esos documentos podían ser utilizados como medio de pago antes de la fecha de caducidad. Cuando esas órdenes de pago se emitieron en mayores cantidades, empezaron a ser impresas. Poco después del invento del papel moneda, aparecieron los inevitables falsificadores, que eran castigados con pena de muerte por las autoridades Chinas.

El uso del papel moneda pasó a ser conocido en Europa a través de Marco Polo y algún tiempo después comenzaron a utilizarse letras de cambio como medios de pago, principalmente por los comerciantes de Flandes e Italia. Su uso comenzó a extenderse con el desarrollo de los primeros billetes en Suecia, en el año 1661, por parte del cambista Johan Palmstruch, que los entregaba a modo de recibo a quienes depositaban oro o plata en el Banco de Estocolmo y recibió un espaldarazo definitivo con la emisión de billetes por el Banco de Inglaterra a partir de 1695 y su extensión a Francia por el escocés John Law en 1716.  Las cantidades de los billetes comenzaron a estandarizarse a partir de 1745.

El surgimiento del patrón oro

Originalmente, estos billetes no eran más que una promesa por parte del banco emisor de restituir su valor al portador, pero, a partir de 1819, cuando Gran Bretaña adoptó la Resumption Act (efectiva a partir de 1821), los billetes pasaron a ser convertibles en oro en los bancos que lo emitían. Posteriormente, los bancos centrales de distintos países comenzaron a ostentar el monopolio para emitir billetes teniendo la obligación de respaldar la emisión de dichos billetes con la tenencia de una determinada cantidad de oro (lo que se conoce por el patrón oro), de plata (patrón plata) o de oro y plata (lo que se conocía por el patrón bimetálico). En particular, en 1844, el Banco de Inglaterra adquirió el monopolio de la emisión de billete, que debían ser cubiertos íntegramente por lingotes o monedas de oro. Este respaldo en oro de la libra esterlina, junto con la supremacía del Reino Unido en el comercio internacional a través de su Imperio y el desarrollo de las instituciones financieras británicas, contribuyeron a extender el uso de la libra esterlina fuera del Reino Unido ya que, en teoría, la moneda no representaba riesgo alguno.

A finales del siglo XIX convivían, no obstante, distintos sistemas. Gran Bretaña, como hemos visto, tenía un patrón oro. El Imperio Ruso y el Imperio Austrohúngaro tenían un patrón plata mientras que un gran número de países como Alemania o Estados Unidos tenían un patrón bimetálico. No obstante, el patrón bimetálico exigía establecer una tasa de cambio entre el oro y la plata de forma que las alteraciones en la oferta y la demanda de oro y plata provocaban que, de facto, sólo operase un patrón oro o un patrón plata. Así, por ejemplo, si un país fijaba la tasa de cambio entre la plata y el oro en 15:1 (esto es, 15 monedas de plata equivalían a 1 moneda de oro) y aumentaba la oferta de oro porque se encontraba una nueva mina, el precio del oro, al ser más abundante que antes, bajaba en relación al precio de la plata con lo que el precio de mercado sería, por ejemplo, de 14:1. De este modo, las personas que tuviesen 14 monedas de plata podían cambiarlas en el mercado por una de oro y luego acudir al correspondiente Banco Central que le cambiaría esa moneda de oro por 15 monedas de plata y así sucesivamente, hasta agotar las reservas de plata del Banco Central quedando sólo el oro. Esto es lo que se denominaba la Ley de Gresham. Esto incentivó que países que tenían fuertes relaciones comerciales con el Reino Unido comenzaron a adoptar el patrón oro (como por ejemplo, Australia en 1852, Canadá en 1853 o Portugal, en 1854).

Además, al finalizar la guerra franco-prusiana en 1871, Alemania adoptó el patrón oro, vendiendo la plata de la que disponía en los mercados y arrastrando a muchos otros países a adoptar el patrón oro para evitar verse atrapados en un patrón plata por la Ley de Gresham. Estados Unidos adoptó el patrón oro en 1879 en virtud de su correspondiente Resumption Act, adopción que fue respaldada por la Gold Standard Act de 1900.

La Primera Guerra Mundial
Federal Reserve

El sistema del patrón oro se mantuvo en vigor hasta el estallido de la primera Guerra Mundial en 1914. Casi de inmediato, varios de los países involucrados en el conflicto (el Imperio Austrohúngaro, Rusia, Alemania y Francia) suspendieron la convertibilidad en oro a través de una serie de medidas que eran consideradas de carácter temporal, exportando sus reservas de oro a cambio de las materias primas y bienes que requerían para la guerra e imprimiendo dinero (que causaría inflación y dificultaría su posterior regreso al patrón oro). En el Reino Unido no se llegó a suspender la convertibilidad de forma legal, pero se implementaron medidas con un efecto similar. Estados Unidos, si bien no canceló la convertibilidad (que mantuvo la Reserva Federal creada en 1913), también procedió a limitar las exportaciones de oro una vez que entró en la guerra en 1917. Concluido el conflicto bélico, los países se enfrentaban a la decisión o no de volver al patrón oro sabiendo que dicha vuelta provocaría deflación ya que, al haber aumentado la cantidad de dinero debido a la impresión de dinero durante la guerra, y haber disminuido la cantidad de oro en reservas por los pagos de importaciones de materias primas y bienes, la única forma de volver al patrón oro era reducir la cantidad de dinero en circulación (esto es, menos billetes en circulación por haber unas reservas de oro menores que las pudiesen respaldar).

El período de entre guerras y la Segunda Guerra Mundial

Así, tras el final de la Primera Guerra Mundial una serie de países se reunieron en la Conferencia de Génova de 1922 para implantar un nuevo orden económico. Reino Unido, apoyada por Estados Unidos, implementó una serie de medidas deflacionarias que permitieron que en 1925, Winston Churchill, en su condición de Chancellor of the Exchequer, adoptase lo que vendría a ser conocido como el patrón cambio oro al mismo nivel que existía antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. El sistema patrón cambio oro era muy similar al patrón oro siendo la diferencia más evidente que la convertibilidad se remplazó por una obligación del Banco Central de vender oro en forma de lingotes a un precio fijo y que únicamente se utilizaría para las liquidaciones internacionales. Además, los Banco Centrales también podían contar con la libra esterlina y el dólar norteamericano como reserva que respaldase la emisión de moneda. Francia, que había estado financiándose con déficits desde el final de la guerra, adoptó el patrón oro en 1926 si bien a un tipo de cambio muy devaluado con respecto al existente antes de la guerra. Esta situación de una libra apreciada y un franco depreciado, a lo que se unió la gran crisis de 1929, creó una serie de desequilibrios que hicieron que las reservas de oro del Banco de Inglaterra y, posteriormente, cuando la Reserva Federal intentó ayudar al Banco de Inglaterra, las reservas de oro de Estados Unidos, fuesen transferidas hacia el Banco de Francia. En 1931, tras una crisis iniciada por el Kreditanstalt, un banco austríaco, que se extendió luego a los bancos alemanes, el Banco de Inglaterra tuvo que cancelar la convertibilidad al no poder hacer frente a todas las demandas de conversión de libras en oro. Estados Unidos mantuvo la convertibilidad hasta 1933 cuando Rooselvelt la suspendió. La situación requería medidas tan drásticas que se prohibió a los ciudadanos norteamericanos la posesión de monedas, lingotes o certificados de oro, debiendo entregarlos a la Reserva Federal a cambio de 20.67 dólares la onza. Posteriormente, el patrón cambio oro fue abandonado por Francia y Suiza y para 1937 el sistema había dejado de estar vigente, siendo el sistema predominante el sistema de cambio flotante (esto es, el tipo de cambio de cada moneda frente a las restantes ya no es fijo al estar referenciado al oro, sino que oscila libremente en función de la oferta y la demanda).

Bretton Woods

Esta situación continuará hasta casi acabada la Segunda Guerra Mundial cuando se firmaron los acuerdos de Bretton Woods en 1944. Estos acuerdos establecían que el dólar norteamericano sería la única moneda respaldada por el oro, a un tipo de cambio de 35 dólares por onza, mientras que los demás países debían fijar el precio de sus monedas por referencia al dólar y mantener unos tipos de cambio que no oscilasen más allá de unos determinados márgenes. De esta forma, el dólar se convertía en la moneda de reserva de la economía mundial. Este sistema estuvo en vigor hasta 1971, año en el que Estados Unidos, que estaba inmersa en la Guerra de Vietnam, estaba emitiendo muchos más dólares de los que podía respaldar con oro para sufragar los gastos de la guerra. Ante esta situación, cuando Reino Unido y Francia comenzaron a solicitar la conversión en oro de sus reservas en dólares, la respuesta de Nixon fue cancelar ¨temporalmente¨ la convertibilidad del dólar en oro.

Dinero

Foto por Foter.com http://foter.com/photo/torn-cut-one-dollar-note-floating-away-in-small-pieces-1/

Los sistemas FIAT

Desde esa fecha, el sistema monetario que existe es denominado el sistema fiduciario o de dinero fiat (que proviene del latín y significa hágase). Bajo este sistema, el dinero no tiene valor intrínseco —en principio, el papel utilizado para fabricar billetes carece de valor— y, sin embargo, se acepta a cambio de bienes y servicios porque los ciudadanos confían en que el banco central mantenga estable el valor de la moneda a lo largo del tiempo. Si los bancos centrales fracasaran en esta tarea, el dinero fiduciario perdería su aceptación general como medio de pago y su atractivo como depósito de valor. Por cierto, este último párrafo no es mío, lo dice ni más ni menos que el Banco Central Europeo.

Para saber más, puedes leer el post sobre los petrodólares y/o ver el episodio 5 de la serie The Hidden Secret of Money, por Mike Maloney. Está en inglés pero puedes activar los subtítulos en español.

¨Dame el control de crear el dinero, y no me importará quién haga las leyes¨. Frase atribuida a M.A. Rothschild.